(CONSEJOS PARA HACER MEJOR LA SOPA)
Eso es lo que estaba haciendo justamente hace un momento. Sentado en la cama, mientras veía televisión. Y es que no hay nada más rico que hacer esto un día que hace frío. Aunque cuando hace calor también es rico, pero en frío es como calentar al cuerpo de adentro para afuera. Es como algo curativo, algo que te va a poner caliente, aunque haga frío afuera. Sobre todo si la hacen como yo, que le pongo bastante ajo a la cosa. Y si al final quieren añadirle huevo y leche ya es otra cosa. Pero eso si, no me muevan el huevo. El huevo es mejor echarlo cuando ya la sopa está caliente y dejarlo ahí hasta que se cocine y se ponga duro. Ya entonces se le puede mover un poco pero con mucho cuidado, no se vaya a deshacer.
La leche se echa lo mas despacio que se pueda y al final, al final de todo. Pues, si bien es cierto que es importante moverla bien, también es cierto que mientras más se cocina más vitaminas pierde, y la verdad que no están las cosas para andar desperdiciándolas así no mas.
A parte de eso lo importante para una buena sopa es la sazón. Y yo creo que una regla simple es que “todo lo que sea verde, es bueno”. Por eso yo recomiendo experimentar un poco con lo que haya en la cocina. Experimentar hasta encontrar lo que queremos. Empezando por lo básico: la sal, la pimienta, el comino, el orégano, la albahaca... Hasta cosas más específicas como por ejemplo la menta, el ají, o hasta el té. Sea lo que sea lo que nos apetezca, es todo un reto ir descubriendo diferentes sabores en nuestras sopas, ¿o no?.
Aunque yo mismo debo de confesar que suelo ser bastante pegado a la receta. Deberíamos tener todos la mente abierta a probar cosas diferentes como otros tipos de aceites (sólo para darle más sabor al asunto), y a no tener miedo de meter cosas como la yuca, meterle nabo, o meterle zanahoria. No es cierto que mientras más metamos en esa olla mejor. Yo diría que importa más bien la calidad de las cosas que metemos y además importa que sepamos qué es lo que estamos haciendo. Aunque claro, para aprender, hay que probar pues. Lo que significa que es imposible aprender a hacer la sopa sin meter alguna vez la pata. Por esto y por mucho más, se podría decir que la sazón, es el alma de una sopa. Lo que decide si algo es bueno o no. Lo que la puede llevar al cielo, o al infierno. Pero, no es el cuerpo. El cuerpo del delito, es otro. Así que podríamos decir que una buena hierba nos ayuda a hacer mejor la sopa. Pero sin la carne, no hay pecado.
En realidad de qué sea la sopa no es lo importante. Repito: en realidad, casi cualquier cosa que haya estado viva alguna vez, puede convertirse en una buena sopa.
Lo importante es que sea lo que sea, debe estar en buenas condiciones, y claro -de preferencia- muerto. Y bien muerto, o más o menos muerto de una forma acorde a nuestros propósitos. Y no atropellado por el camino, o caído del cielo envenenado por alguna nube tóxica.
¿Qué animal?
El que más les guste. O el que más tengan a mano. O el primero que tenga la mala suerte de cruzárseles por el camino. Lo que sea. Con tal de que esté dentro de lo que se considera comestible en la tradición oral de sus familias, o el catálogo de algún supermercado, basta. No importa si es cordero, mariscos, perro o pollo descongelado, como en mi caso. Verán que con sólo un poco de carne y algo de imaginación se puede hacer una cosita recontra rica, para chuparse los dedos, que haga que a uno se le haga “agua” la boca sólo de mirarla y olerla.
Y ya que estamos en esto, agréguele usted papa, fideos y harto perejil para que se vayan cocinando de una vez. Sal, al gusto. Y a la hora de servir unas gotas de limón. Así es como me sabe más “a casa” a mi, así es como se la pedía a mi madre cuando era pequeño. También recuerdo que le pedía que le agregara mariscos a la sopa, a lo que ella contestaba graciosamente que cuando yo fuera grande y los pudiera comprar, entonces me los cocinaría. Así que -si por el contrario- en su casa, su progenitora le agregaba además ostras de mar. Entonces diría que estamos frente a una sopa que yo no me atrevo a calificar.
Y así es, porque hay mucha ganancia en el marisco, y el pescado, porque son cosas que lo ponen a uno a tope, con eso de las proteínas, los aminoácidos, los alfas y omegas y todas esas cosas modernas que hay ahora para el cuerpo que funcione muy bien y ponerse a tono con el momento, y otras veces hasta de ánimo juguetón, cuando no se queda uno dormido, desde luego. Yo pondría en esta categoría -en general- a todo lo que venga del mar (frutti di mare) y se haya movido alguna vez por voluntad propia, a no ser que sea una planta, o “un” planta, claro.
En segundo lugar de mis preferencias pondría a la sopas de ave, pero de preferencia “de buena ave”.
Y con una buena ave, talvez baste decir que me refiere a algún ave de corral: una que respire al aire libre, que camine y vuele un poco de vez en cuando. Que se procree cuando le hacen la corte. Cuando le hacen el baile nupcial. Y no cuando una máquina –que además esta fría- les meta un escupitajo de espermatozoides por donde no se dice. En otras palabras, una buena ave, es una ave que casi casi quiere a la vida. Porque justo ese momento, es un buen momento para beneficiarla. Hay otros, claro, que se decantan por eso de que la gallina vieja algo sabrá hacer, pero eso es cosa de cada uno.
El tercer lugar de “mis carnes favoritas para hacer una sopa” iría para que aquellos que tienen como objeto de nuestro deseo: una carne de cuatro patas. Esta trae loca a toda una legión de aficionados, pero por eso mismo tiene también sus complicaciones. Sobre todo el chancho cuando se le frie con mucho aceite… y se le da, y se le da… porque en ese momento aparecen los trans, y a los trans -según he oído hablar- es mejor evitarlos. Pero como ya lo he dicho hace un momento, y esto es un principio básico en la cocina: eso es cosa de cada uno. Si usted quiere reventarse en la grasa del chancho pues allá usted, más bien aproveche mientras es legal. Y si es usted de los que le hacen más bien ascos al sabroso puerquezuelo, pues allá usted también… ¡si en este planeta hay sobrado espacio para todos!, ¿Por qué no podemos convivir en paz?
Con o sin cerdo, sin embargo, la sopa une el mundo entero, porque recordemos que no hay lugar en este planeta donde no se la conozca. Ni idioma donde no haya una palabra para la sopa. Así es amigos, la sopa, tanto en la mesa como en la cama.
¿Y qué más falta?, ¡ah!... pues tenerlo todo ahí cocinándose un rato hasta que quede blandito… ¿vale?
Pues… nada, eso, además, ¡qué cosa es un pelo en la sopa señores!, ¡ay qué rico!, ¡arriba la sopa y abajo Mafalda!, no nos ahoguemos en un vaso de agua damas y caballeros, ¡la lucha continua!




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