martes, diciembre 16, 2008

Con Michael Clayton no se juega

(Michael Clayton -2007- Dirigida y escrita por Tony Gilroy)


Empecemos por el final. Michael Clayton, George Clooney, sube a un taxi, y da cincuenta dólares al conductor, “just drive”, le dice. No sé cuanto tiempo habrá comprado con eso. Pero lo que sigue a continuación son dos de los minutos –sin diálogos, ni acción- más memorables de todo el cine que he visto en mi vida. Excepto por el fondo móvil de una avenida niuyorquina que se deja entrever desenfocadamente a través del parabrisas posterior del coche, todo se concentra en un rostro. Un rostro conteniendo una gran tensión en cada gesto. Uno no sabe si va a romper a llorar o estallar en risas. Y les aseguro que desde la punta del pelo hasta el nudo de la corbata pasando por la manzana de Adán y los ojos circundados por ojeras ese tío debe estar dando una de las mejores actuaciones de su vida. Entonces poco a poco vemos como la mandíbula se le va relajando lentamente hasta que al final de los dos minutos una leve sonrisa se empieza a dibujar en su rostro, primero en un gesto muy sutil, difícil de descifrar, pero luego va apareciendo ahí con claridad, en la mirada primero y finalmente en los labios. Y en ese momento, lo podría jurar, sabemos exactamente en lo que Michael Clayton está pensando.



Debo de admitir que no hubiera podido decir si me ha gustado o no antes de verla por lo menos 3 veces, o dos veces y media bueno. Y eso en realidad es algo que no considero un cumplido para ninguna película. Más bien en eso me hizo recordar a 12 Monos, sólo que en aquella de Gillian al final no pasa nada, lo que la verdad no deja de ser algo decepcionante para mi punto de vista, claro.

Acerca del tipo de película diría que es una de esas en las que seguramente sentirías deseos de matar al que se pusiera a comer palomitas a tu lado en el cine. Sobre todo cuando no soportas las palomitas, como yo. Y puestos a ello, seguro que encontrarás mucho suspenso, intriga y acción.



Ya que aunque Michael Clayton no es Jason Bourne, la película dispara información a mansalva, e introduce nuevos personajes e historias casi a traición, como si lo que le faltara en persecuciones y balas para ser una película de acción digna del mejor de los 007’s lo compensara con una prosa desbordada, una andanada de diálogos cerrados y términos legales sumada a esa casi sorprendente e inesperada propensión hacia el misticismo, hacia un iluminador camino de redención de la raza humana, representada por tres hechos de manera especial: Los tres caballos que casi al inicio de la película le “salvan” la vida al protagonista, la hamletiana locura de Arthur y el libro de tapa roja que captura la imaginación del niño (“Realm of conquest”, que dicho sea de paso no existe, sino que fue inventada para la película).



Luego –como para añadirle capas a la película- están el drama familiar de Clayton, la ruina de su restaurante y su propensión al juego… dando incluso la apariencia de que a uno le están contando más cosas de las que deberían de contarle, pensando que acaso alguien ha tenido la mano muy blanda al quitar escenas que simplemente no aportan nada a mantener las riendas de la historia bien asidas del jinete.

Y sin embargo todo esta ahí. No sin la sensación desde luego, de que te podrían haber hecho la película un poco más mmm… “directa”.

Increíble también que haya escrito tanto, sin mencionar apenas de qué va la película.. ¿Y de qué trata?

Pues es que dicho así no más no suena tan emocionante, casi casi hasta un poco aburrido, sin embargo esta película trata de una millonaria demanda que le hacen unos granjeros a una gran corporación que se quiere pasar de lista, y cuyas cochinadas probablemente quedarían en nada de no ser por Michael Clayton. Porque, como ya lo dije, con Michael Clayton no se juega.